| Comentario
Está plomizo el cielo y rojos nuestros rostros Y abiertas y agrietadas las puertas del Infierno; Se desatan y braman los vientos infernales Y se alza el polvo hacia el rostro del Cielo; Descienden las nubes como una ardiente sábana Que envuelve y cubre pesadamente el cuerpo; Y el alma del hombre se aparta de su carne, Se aparta de sus insignificantes ambiciones Y siente el cuerpo enfermo y lleno de congoja Y se eleva su alma como polvo en el camino, Se desprende de su carne y la abandona Mientras resuenan estridentes las trompetas del cólera |