| Comentario
Me llevaron a inventar esta historia los recuerdos de una choza prostibularia, pintada de verde, que coloreaba el arenal de Piu- ra el año 1946, y la deslumbrante Amazonía de aventureros, soldados, aguarunas, huambisas y shapras, misioneros y trafican- tes de caucho y pieles que conocí en 1958, en un viaje de unas semanas por el Alto Marañón. Pero, probablemente, la deuda mayor que contraje al escribirla fue con William Faulkner, en cuyos libros descubrí las hechicerí- as de la forma en la ficción, la sinfonía de puntos de vista, ambi- güedades, matices, tonalidades y perspectivas de que una astuta construcción y un estilo cuidado podían dotar a una historia. Escribí esta novela en París, entre 1962 y 1965, sufriendo y go- zando como un lunático, en un hotelito del Barrio Latino -el Hotel Wetter- y en una buhardilla de la rue de Tournon, que colindaba con el piso donde había vivido el gran Gérard Philipe, a quien el... |